martes, 14 de diciembre de 2010

Navidad…

Me encantaba cuando era niña. Mi padre nos montaba un belén precioso hecho por él mismo con cajas de cartón, con luces, ventanitas de celofán de colores…
Íbamos a la Plaza Mayor a comprar figuritas, hacía un frío tremendo, pero estaba todo iluminado y la gente parecía feliz y despreocupada. Vendían artículos de broma, increíbles “inventos” absolutamente simples que nos divertían a los niños.
Mi padre era un rey, el más grande de todos. En Nochebuena, recorríamos los pasillos de la casa sacudiendo tapas de cacerolas ante el espanto de mi madre. El rey…, no, el REY nos divertía con sus ocurrencias y nos destripábamos de risa por cualquier cosa.
Mamá compraba cosas para las fiestas, que no se veían en todo el año. Turrones, peladillas, pasas, figuritas de mazapán y, recuerdo especialmente, una botellita con líquido verde que intentaba ser un racimo de uvas: Pipermín, se llamaba el invento. Estaba asqueroso, porque lo probé una vez y decidí aborrecer el alcohol después del experimento.
Eran especiales esas fechas. Muchos años después, he soñado con una Navidad que jamás se ha producido y que hoy, sé que no se producirá jamás.
Crecer tiene ese problema, se aprende sobre la realidad y se olvidan los sueños.
Luego llegaban las fiestas de los Reyes Magos, la ilusión y los nervios, el empeño en permanecer despiertas para ver a los camellos y darles polvorones a los Reyes. Finalmente caíamos rendidas y, muy temprano, nos levantábamos presas de la histeria para encontrar los regalos.
Todo era mágico, montones de cosas nos esperaban en sus envoltorios. Cajas de pinturas de colores, cuentos, muñecos, juegos de mesa… ¡¡Yo quería una pistola!!
Decía mi madre que un año me pusieron una pistola, pero no lo recuerdo.
El REY no está, la Reina tampoco. Puede que no haya sabido transmitir a los míos el espíritu de “mis” Navidades, quizá sea culpa mía. A pesar de todo, aún hoy, me despierto temprano y me dirijo al salón con el corazón alborotado, para finalmente servirme un café y tomarme un trocito de roscón en el silencio y la soledad, mientras los demás duermen.
Navidad…

3 comentarios:

  1. La magia nunca desaparecerá mientras sigas sonriendo con los recuerdos de aquellas navidades,el rey y la reina no se irán nunca porque mucho de ellos queda en ti, nos lo demuestras día a día a toda la familia, no necesariamente se tiene que soñar solo en navidad...=)
    te sigo tita
    un besito

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  2. ¿He dicho ya cuanto quiero a Miss Mad?
    Pues, eso...

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